Y hasta que me tuvo que pasar. Hasta ahora, mis celulares se habían despegado de mí para siempre por culpa de facinerosos, delincuentes...y de las formas más traumantes. Pero ahora el extravío fue simplemente por huevón, descuidado, distraído. Corriendo por la av. Raúl Ferrero en La Molina, 7.28 pm (según mi última visita a Whatsapp) del día 10 de julio. Qué estupidez. Por tenerlo en la mano bajo una toalla, con el reproductor en volumen alto, la caida pasó piola. Por supuesto el transeunte, ni corto ni perezoso, lo apagó y se lo quedó. No lo culpo: yo hubiera hecho lo mismo, aunque quizá lo hubiera devuelto. Pero lo que más me jode no es la pérdida en sí, porque el celular este era muy lento para mis necesidades tecnológicas, se lageaba a todo momento y me impedía navegar con agilidad. Me molestó la forma tan estúpida de la pérdida, un modo sin precedentes pues nunca he escuchado que a alguien se le perdiera así algo. La llamada a la chica de Movistar para que anule el chip y el ...
"El amor, como la tos, no se puede ocultar" (Aforismo medieval)