Conocí a Carlos por Grindr, o como caletamente la denomino, la "aplicación del pecado". Iniciar una conversación por esta app es muy sencillo, solo pinchar el perfil que más te atraiga y mandarte con las clásicas preguntas: ¿qué buscas? Opc? Sexo te va? y así. En fin, cada uno sabe lo que puede encontrar ahí, por lo que ello no debe sorprender a nadie. Pero vaya que sí me sorprendió este chiquito. Carlos empezó saludándome y haciéndome las típicas preguntas, pero su perfil no me convenció y le dejé de hablar al poco tiempo. Un mes después aproximadamente me vuelve a buscar conversa, por lo que inferí que no se acordaba que ya habíamos establecido un contacto previo. Inició como de costumbre y luego siguió el intercambio de fotos de rigor (ya que la gran mayoría de usuarios de esta aplicación no coloca su foto de cara como imagen pública, ya saben, para mantener su estatus de "caletas"). Tras enviarle las mías, cuidadosamente seleccionadas para dar la mejor imp...
"El amor, como la tos, no se puede ocultar" (Aforismo medieval)