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Mostrando las entradas de junio, 2015

Salsa

Me gusta la salsa, y creo que lo tengo en mis genes. Mis recuerdos más antiguos involucran a mi padre escuchando este género luego de un par (?) de chelas de más, y aunque en ese tiempo empecé a odiar las canciones de la Fania, Héctor Lavoe y demás, en los último años le he agarrado un gustillo inusual. Es como unas ganas locas por escuchar a Celia (la que grita "Azucaaar") y otros no tan conocidos como Ismael Miranda, Cheo Feliciano y el famosísimo Ruben Blades. Pero esos son los antiguitos, los que escuchan mi papá y mis tíos en todas las reuniones familiares en las que coincidimos. La salsa es mucho más que eso. Existen, en mi opinión, tipos o clases de salsa, de acuerdo al contexto en que las escuches. La sensual (puaj!) que ni recuerdo los cantantes que pertenecen acá; la salsa dura, donde se encuentran los ya mencionados en el primer párrafo y los favoritos de mis tíos; la cubana (mi favorita!!), con la Charanga Habanera, Manolito y su Trabuco, Dan Den, la Caro Ban...

Fusiones: de la selva su cumbia

Me fascinan las fusiones. Me refiero a la música, por supuesto, aunque también puedo referirme a la gastronomía pero no soy tan sofisticado en ese rubro. La música es lo que me apasiona: melománo a ultranza, sin Spotify no trabajo/hueveo/procrastino/estudio como se debe. En fin, cada vez más los ritmos catalogados como "antiguos" o pasados de moda van cobrando fuerza, por lo menos para mí. He descubierto, gracias a la aplicación anteriormente mencionada, ciertos grupos y canciones que fueron una completa revelación para mis cuadráticos gustos musicales de antaño. Estos grupos no solo se enfrascaban en inventar ritmos y melodías (pegajosas y no), así como letras cojudas o a veces inspiradoras, sino que también tomaban sonidos de géneros como la música criolla, andina y hasta la cumbia amazónica para sus experimentos. En el escenario de la música mundial hay varios ejemplos, pero me atraen en especial las fusiones peruanas, porque aparte de ser música de mi país considero ...

Date

La relación que tenía con "Diego" cambió notoriamente. Las conversaciones en Whatsapp se alargaron más, nos escribíamos todos los días, me saludaba y deseaba "Buenos días" puntualmente (casi siempre entre las 4.30 y las 6 de la mañana porque le gusta madrugar) y que tuviera un excelente día. Yo hacía lo mismo, y poco a poco este saludo se hizo parte de mi rutina. En las dos únicas veces que se olvidó de hacerlo, mi respuesta fue automática y tomé la iniciativa. No me hubiera sentido cómodo el resto del día si no lo hubiera hecho. Quedamos en encontrarnos el sábado siguiente a nuestra primera salida. El punto de encuentro: Encalada, ya que él entrenaba esa mañana en el Gold's y luego se pasaría a la UPC a huevear mientras yo llegaba (ya no estudia ahí pero su tarjeta de estudiante aún le funciona). Nos encontramos en las bancas frente a Vivanda y caminamos sin rumbo fijo, hasta un mercado muy cerca de ahí para almorzar. Era como un patio de comidas del Jocke...

Fuera de control

UNO Empezó como cualquier tipo de relación a la que estoy acostumbrado este último tiempo. Nos conocimos por Tinder, preguntamos lo de siempre (nombre, edad, de dónde eres, qué haces por la vida) y, luego del riguroso cuestionario, intercambiamos números para whatsappear "porque no suelo entrar a esta app" (clásica excusa para sacar el cel jaja). Nos escribíamos muy poco, y como siempre, el que iniciaba los intentos de entablar conversación era yo. En una ocasión, luego de saludarlo y ver cómo aparecían los indeseados checks azules y sin recibir una respuesta en horas, me asé y le dije que si no me quería hablar que se joda. Así lo hice y no le di mayor importancia. Media hora después, mientras ejecutaba mis rutinaria trotada interdiaria, recibí una inesperada llamada suya. "Llamando DiegoT" apareció en mi pantalla, interrumpiendo intempestivamente mi playlist favorita en Spotify: Juerga. Lo reconocí al instante pero para darle mayor sorpresa al momento le cont...