La relación que tenía con "Diego" cambió notoriamente. Las conversaciones en Whatsapp se alargaron más, nos escribíamos todos los días, me saludaba y deseaba "Buenos días" puntualmente (casi siempre entre las 4.30 y las 6 de la mañana porque le gusta madrugar) y que tuviera un excelente día. Yo hacía lo mismo, y poco a poco este saludo se hizo parte de mi rutina. En las dos únicas veces que se olvidó de hacerlo, mi respuesta fue automática y tomé la iniciativa. No me hubiera sentido cómodo el resto del día si no lo hubiera hecho.
Quedamos en encontrarnos el sábado siguiente a nuestra primera salida. El punto de encuentro: Encalada, ya que él entrenaba esa mañana en el Gold's y luego se pasaría a la UPC a huevear mientras yo llegaba (ya no estudia ahí pero su tarjeta de estudiante aún le funciona). Nos encontramos en las bancas frente a Vivanda y caminamos sin rumbo fijo, hasta un mercado muy cerca de ahí para almorzar. Era como un patio de comidas del Jockey en versión "market": mesas en el centro de un amplio espacio, y algunos restaurantes con su menú en la pizarra alrededor. Yo me pedí un cebiche; él, un lomo saltado con tequeños.
Mientras esperábamos los platos, empezamos a conversar de muchos temas. Es increíble la comodidad que tenía de hablar sobre cosas tan variadas con alguien: Tía María, la situación actual de Lima, el futuro de la minería en el país, la presidenta Nadine y su cosito... Sabía mucho, o por lo menos lo aparentaba bien porque tenía muy buen floro (es ya obvio que su hobby es hablar). No coincidíamos en muchos aspectos: yo soy prominero mientras él era antiminero y proponía el desarrollo agrícola del Perú como alternativa; yo consideraba que Tía María es viable, y él le daba a la razón al "pueblo" alzado; yo ponía como ejemplos de desarrollo por sus recursos mineros a Australia y Canadá, y él se inclinaba hacia Malasia e Indonesia, donde resaltan su postura proagricultura. En fin.
Salimos de las galerías por una escalera estrecha. Ya en la calle, caminamos sin rumbo fijo por El Polo. Casi cerca a las 3 pm, el tráfico estaba jodidazo. Una fila inmensa de carros no avanza por ningún motivo, y tuvimos que cruzar entre ellos para llegar al otro lado. En eso veo como un bultito en la esquina a la que acabábamos de llegar. No podía creerlo: 150 soles enrollados. Nos miramos y apareció esa sonrisa que me encanta, que me seduce y no me deja pensar en otra cosa. Te traje suerte, me dijo. Así lo creía, porque no es para nada común que aquello me sucediese. Así que me lo guardé en la billetera, no sin antes prometerle que le invitaría algo como gratitud.
Llegamos a una pequeño parque. Contaba con pocas bancas, no era muy transitado e incluso diría que era muy calmado. Solo un señor leyendo su periódico y una pareja de maduros al frente nuestro. Y empezamos con el segundo round de intercambio verbal. Definitivamente es su hobby. El chico no paraba, y creo que eso lo hacía más interesante para mí. Ahora versaba sobre sus viajes a Bolivia y Chin, así como las veces que le intentaron robar en los micros con el cuento de que le ensuciaban la espalda y el del costado se ofrecía a limpiarle, no sin antes quitarle lo que tenía solapamente. Solo asentía y trataba de seguirle. Es que es lo que me gusta hacer, no solo con él sino con mis amigos: escuchar, y no tanto hablar de mí (no hay nada interesante por contar, creo yo).
Cerca a las 5.30 pm nos levantamos y volvimos al Polo, hacia el Primax de Primavera porque queríamos ir al baño. Ya en el establecimiento, y mientras él compraba algo de comer, me fui rápidamente a los servicios higiénicos. Esperé que salieran dos patitas, e ingresé. No había nadie dentro, y me metí al cubículo. Al salir, mientras me miraba al espejo, siento que él entra. Volteo mi cara, me agarra de los brazos y me planta el chape que esperaba toda la tarde. Fue breve, en comparación con los que nos dábamos el sábado pasado, pero duró lo necesario como para sentirme animado y con ganas de más. Qué me hubiera imaginado que quizá ese sería el último beso que nos daríamos. Nos separamos y le dije que lo esperaba afuera.
Salimos de Primax y nos fuimos al paradero del puente. Yo tenía que subir y él tomaba su carro abajo, así que nos despedimos como dos patas cualquiera, aunque sentí que me agarró la mano más tiempo de lo normal Claro que la infaltable sonrisa deslumbradora no podía estar ausente, y apareció en ese preciso instante. Nos separamos.
Cinco minutos después me llega un SMS a mi cel: "Me encantó salir contigo. Hasta la próxima vez que nos veamos. No te cortes el cabello. Y espero (que) así me vayas conociendo igualmente yo a ti (sic). Ya sabes cómo soy de hablador a veces, y de caballero! Y sé que eres roño y ni un chupete me invitaste :'( Un besito".
..................
PD: Este blog me sirve como catársis, así como un lugar para inmortalizar todo lo que me ha pasado (o es que lo he inventado?). Si tienen consejos amorosos o algo por decir, les agradeceré lo hagan :)
..................
PD: Este blog me sirve como catársis, así como un lugar para inmortalizar todo lo que me ha pasado (o es que lo he inventado?). Si tienen consejos amorosos o algo por decir, les agradeceré lo hagan :)
Comentarios
Publicar un comentario