Lo mejor es estudiar, y después trabajar, en lo que a uno le gusta. Y no es cuento, sino la mayor de las verdades en cualquier adolescente y/o joven que decide seguir una carrera universitaria, técnica, o simplemente decide no estudiar y buscar su objetivo en la vida por otros lares. Las ideas de antaño, en la que carreras como Medicina o Derecho eran súperbienvistas por la sociedad, está dando paso a esta "nueva" filosofía de vida que cada vez más familias adoptan.
Y lo mismo sucedió conmigo. A la edad de 11 años, gracias a un concurso de creación de un periódico escolar organizado por el Diario El Comercio, donde quedamos en primer lugar, me di cuenta de lo mucho que me gustaba escribir, tanto artículos periodísticos como cuentos y descripcionesdetufamiliatuperritotumama que hacían en mi colegio con el nombre de "Producción de textos". Al toque, mis padres me desanimaron con la excusa del bajosueldovidabohemiadequévasavivir, aún cuando yo estaba ilusionado en terminar trabajando para el New York Times, tener un carro de lujo y vivir en un penthouse en Manhattan.
Todo acabó en tercero, cuando me tocó la mejor profesora que había tenido en mi vida escolar. Irina, bióloga, con sus vastísimos conocimientos en los procesos biológicos, que incluso se dio el lujo de corregir nuestro libro de Santillana comoquiennoquierelacosa. Fue uno de aquellos maestros que te impactan y te atraen a su campo de estudio, te fascinan con lo que te explican y te dejan el sabor de la curiosidad en cada tema tratado. Mi nuevo sueño: ser biólogo.
Las ciencias ingresaron a mi vida a partir de ese momento, es decir, de forma más seria. A pesar de irme mal en cursos como Química al inicio, la biología y las ciencias en general fueron mi más claro objetivo. Hasta esa charla de orientación vocacional en cuarto, organizada por mi colegio, y a la que se invitaron a buen número de universidades para que expongan una carrera en particular y la promocionen. Me llamó la atención una: Ingeniería Ambiental, a la que iría un representante de la Universidad Nacional Agraria La Molina. El profesor nos explicó de qué trataba esta carrera, sus objetivos y cursos, los constantes viajes y paseos, las grandes oportunidades de trabajo, tanto en privados como en el Estado, la malla curricular en la UNALM, etc.
Lo que más me gustó es que mezclaba muchos de las áreas que a mí me gustaban: incluía en primer lugar a las ciencias, que abarca a la Biología y la Química; pero además a las letras, por los cursos de Derecho ambiental y Economía ambiental que puedas llevar, o si quieres especializarte en Gestión Ambiental. Abarca las dos áreas, que muchos piensan son incompatibles, pero no lo son.
Junto con dos de mis amigos, decidimos estudiar I.A. en la UNALM, pero por distintos motivos el único que la continuó y logró ingresar a dicha casa de estudios, recién, fui yo. Y es que estudiar y ejercer algo que realmente te colma las expectativas, mismo Mastercard, no tiene precio, tanto en tu vida profesional como personal. "Trabajarás", la mayoría de veces, sin esa connotación negativa que de por sí tiene esa palabra. El mejor consejo: HACER (no necesariamente estudiar) lo que a uno le gusta.

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