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Déjennos morir

La libertad humana es uno de los bienes más preciados que poseemos, sino el más importante. Y se aplica siempre y cuando no se dañen los derechos de los demás, aun cuando el “afectado”, al parecer, sea uno mismo. Ese es el caso de las personas con enfermedades terminales, o cuyos problemas de salud les conllevan una etapa larga y dolorosa, y se sienten incapaces de continuar. Entonces el enfermo, luego de pensarlo exhaustivamente, decide ponerle fin a su vida, y así parar su martirio. En ese contexto, ¿el médico tendría la obligación de cumplir sus deseos? ¿Sus familiares acatarían su anhelo sin chistar? Estos dilemas se presentan antes casos como este, y es ahí donde la eutanasia se presenta como una posible alternativa.

Legal
¿Y en qué consiste la eutanasia? Esta se refiere a la acción u omisión que acelera la muerte de un paciente desahuciado, con su conocimiento o sin él, con la intención de evitar sufrimientos. Dado que esta práctica médica involucra el futuro de una vida humana, su debate es polémico y lamentablemente dejado de lado, y solo es legal en países como Holanda, Bélgica y Luxemburgo. Como era de esperarse, en nuestro país esta opción no es discutida, ni siquiera mencionada por considerarse tabú para ciertos sectores conservadores, debido al gran poder de influencia que aún tiene la Iglesia Católica en la población. Sin embargo, si únicamente se discuten los argumentos médicos y judiciales, se puede apreciar la viabilidad de la eutanasia como método de salvación de un ser humano, y así evitar el sadismo que parecen mostrar los que se resisten a discutirla.

Médico
Desde el punto de vista médico, el profesional ha estudiado los años suficientes como para tomar una decisión y determinar si el paciente no tiene cura o, caso contrario, aún cuenta con esperanzas. Si se inclina por lo primero, la eutanasia no tendría por qué ser evadida, siempre y cuando el enfermo así lo decida, o si sus familiares observan que sus padecimientos diarios son insoportables para él o ella. La ocurrencia de un “milagro” es posible, pero no es justo que un ser humano en estado lamentable espere años hasta que ocurra, si sucede, claro. Por otro lado, desde la óptica legal, la sociedad moderna basa su ordenamiento jurídico en la protección de los derechos humanos, y en ese sentido el desahuciado tiene pleno derecho de decidir sobre su cuerpo en su esfera privada, o en todo caso sus parientes. No obstante, el marco legal que despenalice la eutanasia es imprescindible, para que el médico a cargo no sea acusado de homicidio.



La eutanasia, en síntesis, es absolutamente plausible desde el aspecto médico y judicial, siempre y cuando cuente con la sustentación adecuada y bien fundamentada, o si el paciente, en pleno uso de sus facultades, considera que su sufrimiento no es tolerable y determina poner fin a su vida. Porque el verdadero objetivo de esta práctica es dar una muerte digna a la persona, y no atentar contra la dignidad humana, como paradójicamente argumentan los opositores. La libertad de decisión, de la que todos gozamos y que nos enorgullece, también debe aplicarse en casos extremos como este. La proximidad de la muerte no puede ser un obstáculo para continuar defendiéndola.

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